domingo, 8 de mayo de 2016

El límite de la mente


El límite de la mente


Propongo al lector que durante unos segundos abandone esta lectura e intente concentrarse en el recuerdo de un momento agradable que haya vivido recientemente: la alegría de ver y estar con alguien, una ilusión, una sensación, un paisaje, un paseo,...
¿Has recordado ese momento? No debes seguir leyendo hasta que no hayas podido recrear en tu mente los detalles de lo que llamamos un buen recuerdo. ¿Ya?.

Ahora tienes que intentar no pensar en ese momento e impedir que ese recuerdo siga ocupando tu mente... Vuelve a intentarlo otra vez... Una vez más... Al final, deberás rendirte, ¡no puedes dejar de pensar en ese recuerdo!, nuestra mente no es capaz de abandonar ese pensamiento y nos encontramos en una situación, cuanto menos, cómica: queremos evitar pensar en algo y, sin embargo, no se cumple nuestro deseo.
La explicación a este sencillo experimento según la PNL, siglas que corresponden a Programación Neurolingüística, es que nuestro cerebro no es capaz de procesar una orden expresada en negativo, no puede ejecutar una instrucción que le dice  “no hagas ....” o “deja de hacer... ”. Buscando una explicación a ese hecho me atrevo a sugerir que nuestra mente no puede aceptar la negación, la ausencia, la falta de algo, precisamente porque eso supone la aniquilación de la persona...
Resulta curiosa y sorprendente la explicación. Quizá, porque tiene visos de ser real y porque nos descubre un aspecto interesante sobre el funcionamiento de nuestra mente, que tiene consecuencias extraordinarias en la vida normal.
Cuando un niño pequeño de dos ó tres años está haciendo algo que no es conveniente, suele ocurrir que no atiende las indicaciones cuando le pedimos que no haga eso que está haciendo, y, curiosamente, cuantas más veces se lo decimos más interés parece mostrar el niño. Lo mismo ocurre cuando a un adolescente le repetimos una y mil veces que no haga o que deje de hacer esto o aquello; aquí también se provoca que el adolescente sigue haciendo con más frecuencia e interés aquello que le decimos que no haga. Siempre se ha dicho que lo prohibido, lo negado ejerce una atracción especial en aquellos a los que se les niega o prohíbe; de alguna forma se consigue el efecto contrario de lo que se pretende: basta con prohibir algo para que se desee con intensidad lo prohibido.
Esta reflexión nos viene bien a todos en nuestras relaciones y, especialmente, a los que atendemos a otras personas: educadores, maestros, profesores, cuidadores...  Cuando pretendemos evitar una conducta lo mejor es proponer una conducta alternativa, en lugar de prohibir o rechazarla. Podría poner ejemplos sobre esto, pero estoy seguro que quien lee estas líneas está recordando casos en los que se siente identificado con lo expuesto.

Hay personas que son especialmente hábiles aplicando esta estrategia y consiguen que los otros actúen de una forma determinada. Por el contrario otros se instalan en el reproche, la negación, la prohibición... y solo consiguen crispar y enfrentarse a la otra parte que, lógicamente, va a intentar mantenerse y justificarse frente a esa postura que anula y niega.

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